
LA PSIQUE DURANTE EL UMBRAL: cuando el arte se vuelve un portal
Hay noches que no se olvidan. No por la cantidad de personas, ni por las horas que duran, sino por la experiencia artística que te producen.
El pasado 09 de enero, en Galería Sepia, en el corazón de la Colonia Americana, vivimos una de esas noches. Una noche larga —de las 8:00 pm hasta la 1:30 am— donde el tiempo pareció diluirse, como si todos estuviéramos flotando en el mismo estado mental: el umbral.
Así nació La Psique Durante el Umbral, una exposición en formato dúo junto al artista plástico Ángel Melgoza y yo, Lucero López. Dos universos distintos, pero profundamente conectados. Dos lenguajes visuales que dialogan desde la magia, la fantasía y la exploración de la mente humana.

Decidimos unirnos porque compartimos algo más profundo que una estética: compartimos procesos. Como artistas, y sobre todo como seres humanos. Ambos entendemos el arte como un espejo de nuestra historia personal, de nuestras emociones, nuestros ciclos y nuestras transformaciones.
Uno de los símbolos que atraviesa la exposición es la nube. Para nosotros, la nube representa el ciclo: el inicio, el desarrollo, la pausa, la tormenta y la calma. El mismo ciclo que vivimos como artistas desde que comenzamos, mientras afinamos nuestra técnica, pero también mientras nos reconstruimos internamente.
Y es ahí donde aparece el concepto del umbral.
Desde una mirada espiritual, el umbral es ese espacio simbólico entre lo que ya fue y lo que está por venir. No es todavía el destino, pero tampoco es el punto de partida. Es un territorio incómodo y poderoso a la vez. Un lugar de decisión, de prueba, de introspección profunda.
Hablar de La Psique Durante el Umbral es hablar de la mente atravesando ese estado liminal. Ese momento en el que nuestras viejas creencias se tambalean, donde aparecen todas nuestras emociones —las llamados “guardianas del umbral”— y nos invitan a mirarlas de frente si queremos avanzar.
La obra de Ángel Melgoza se presenta con una pincelada empastada, intensa, cargada de emoción. Sus figuras humanas parecen contener historias que no se dicen en voz alta, pero que se sienten en el cuerpo. Hay fuerza, confrontación y vulnerabilidad en cada gesto.

Por mi parte, mi obra habita otro plano del mismo umbral. Una pincelada delicada, figuras humanas femeninas ligadas al agua, joyas exuberantes, tonos azules y atmósferas acuáticas. Mi lenguaje busca hablar de la introspección y la contemplación.

Lo interesante de esta exposición fue observar cómo ambos universos coexistían. Cómo el espectador podía caminar entre la intensidad terrenal y la fluidez acuática, entre la emoción cruda y la sutileza simbólica, sin que una anulara a la otra.
Esa noche, Galería Sepia se convirtió en un espacio de tránsito. Un lugar donde muchas personas se detuvieron —aunque fuera por un instante— a observarse, a sentir, a preguntarse en qué punto de su propio umbral se encontraban.

Queremos agradecer profundamente a Alex Valdovinos, de Estela Cultural (proyecto enfocado en elaborar y transmitir documentales de arte y cultura en Guadalajara) por documentar esta experiencia con tanta sensibilidad a través de sus fotografías profesionales y videos, logrando capturar no solo las obras, sino la atmósfera emocional de la noche. Gracias también a la historiadora y gestora cultural Piedad Cucsh por la entrevista que puedes ver asiendo click aquí.
También agradecer profundamente a cada persona que nos acompañó esa noche. A mi madre, a mis hermanas y amigos, por su apoyo constante e incondicional; a los coleccionistas, por confiar y creer en nuestro trabajo; a quienes llegaron desde mis redes sociales, por transformar la conexión virtual en un encuentro real; y a las personas que forman parte de la escena artística de Guadalajara, por su presencia, diálogo y apertura.
Gracias por cruzar el umbral con nosotros, por mirar con sensibilidad y por permitir que el arte siga siendo un punto de encuentro, reflexión y comunidad.








La Psique Durante el Umbral no fue solo una exposición. Fue una invitación a confiar en el proceso. A entender que toda transformación, por más incierta que parezca, guarda en su interior la promesa de expansión, claridad y crecimiento. Cruzar el umbral no nos rompe: nos revela.
Con cariño,
Lucero López

